LA SALUD DE MIS VECINOS: El principio de deslinde (2).

Publicado: 12/02/2014 de luceron2 en La Salud de mis vecinos
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por Julián Fernández de Quero

Suena con impaciencia el timbre de mi puerta y cuando la abro, me encuentro enfrente a mi vecina Chelo con cara de interrogación.

-Hola, profesor, ¿puedo pasar? -pregunta mientras ya se está introduciendo con desparpajo-  ¿Estabas ocupado?

-No, la verdad, estaba leyendo.  Pasa, pasa, ¿qué te urge que traes esa cara?

-No, nada, no es nada importante. Es que estaba en casa recordando la charla del otro día sobre la pareja y el principio de deslinde y como dijiste que quedaba materia para seguir hablando del tema, pues, me he dicho, voy a casa del profesor a ver si está en disposición de que sigamos hablando del asunto ¿es posible?

-Pues, claro, mujer, ningún problema -me relajo al ver cuál es la motivación de mi vecina y la invito a sentarse y tomar un café mientras charlamos-  El otro día  hablamos del Principio de Deslinde en su aspecto externo, es decir, en la relación que se establece entre los dos miembros de la pareja y  su contexto familiar, de amistades, de trabajo, etc.  Queda por ver  el aspecto interno, de las relaciones dentro de la pareja, entre los dos miembros de la misma. Es un asunto muy importante porque la no comprensión del mismo lleva a establecer relaciones malsanas que son fuente de muchos problemas.

-Yo creía que la cosa era muy sencilla -dice Chelo reflexiva- cuando dos se quieren, todo lo demás es secundario ¿no?

-Depende -contesto  con actitud escéptica- Estamos de acuerdo en que el cariño es muy importante, pero, muchas veces, el cariño mal entendido genera situaciones problemáticas, como, por ejemplo, cuando un miembro de la pareja o los dos, entienden que , por el hecho de quererse, tienen que estar de acuerdo en todo: en gustos, en opiniones,  en aficiones,  etc.  Es el típico modelo romántico de la “media naranja”, que tanta difusión tiene en los medios de comunicación y en las películas.  La idea de que somos dos gotas de agua, idénticas, y que la mayor expresión del amor es la fusión total, la una en la otra.

-¿Y eso no es así?  -pregunta Chelo con cara de asombro.

-Pues, no, no es así -le respondo tajante-  Hay que partir del hecho de que cada miembro de la pareja viene de una familia de origen diferente, ha tenido una educación distinta,  experiencias diversas antes de conocerse, en fin, que tienen una personalidad individual peculiar que los hace distintos entre sí.  Es verdad que, el cariño que les une procede de muchas cosas que tienen en común : Se atraen,  se gustan,  tienen aficiones en común, proyectos de vida similares,  resonancias afectivas comunes….. Pero, también tienen otra parte de su personalidad que no comparten porque es diferente:  experiencias, criterios, aficiones, que no son coincidentes.

-O sea, que vivir en pareja no es nada fácil -interrumpe con vehemencia- eso que se dice mucho de que la convivencia es compleja  y tormentosa.

-Mujer, tampoco hay que dramatizar -intervengo conciliador- Pero, cuando no se tiene claro que una pareja se forma a partir de dos personas diferentes, que coinciden en muchas cosas, pero que otras muchas son personales e incompatibles, entonces es cuando se generan incomprensiones,  incomunicaciones,  agravios comparativos y un largo  listado de quejas que minan la relación y la convierten en una lucha de poder que suele terminar mal.

-¿Y eso se puede evitar? -Chelo intenta imaginarse alguna solución-  Porque es cierto que muchas parejas se rompen porque se acusan de poca confianza entre ellos o de que tienen pocas cosas en común o que llega un momento en que son como dos extraños viviendo bajo el mismo techo.

-Pues sí, tiene solución. Lo primero es tener la conciencia clara de que su relación de pareja tiene una aspecto común que es el que alimenta y fortalece el amor que sienten, pero que también tiene un aspecto personal, de cada uno, al que se tienen que enfrentar con respeto.  Amor por lo común y respeto por lo diferente. Lo segundo es saber que lo normal en una relación es que existan conflictos de entendimiento que surgen  de la parte personal de cada uno. Nunca una pareja llega a ser una  balsa de aceite. Lo tercero es estar preparados para negociar los conflictos que surgen  por medio del diálogo , no de la discusión, tratando de llegar a acuerdos en los que los dos cedan algo para conseguir  acabar con el conflicto. Para esta negociación es muy importante fomentar la empatía y controlar  el narcisismo. Una relación de pareja no es la suma de dos egos, sino la creación de un “nosotros”, tarea a largo plazo que es la que mantiene la motivación y la ilusión y evita la rutina.

-¡¡Qué bien lo explica, profesor!! -exclama mi vecina con entusiasmo- Dicho así, parece tan sencillo. Pero, la realidad es mucho más compleja y difícil.  La prueba es la gran cantidad de parejas que se rompen, incluso cuando sólo llevan meses de convivencia.

-Pero, eso es porque a las personas no se les educa y prepara para enfrentar la relación de pareja con criterios claros y  aptitudes convenientes.   El Principio de Deslinde significa que, tanto en la relación de la pareja con su entorno, como entre ellos,  los límites tienen que estar establecidos de forma fluida, que permita la comunicación, y transparente, que todos sepan lo que vale y lo que no vale.  Cuando  la pareja es una torre de marfil, un refugio frente al exterior, se crea incomunicación y soledad social, pero si el entorno es más importante que la relación entre ellos, entonces se crea incomunicación interna y  falta de intimidad.  Por otro lado, cuando se intenta que la pareja sea fusional  (dos en una carne, que decía San Pablo)  lo que ocurre  es que se establece una relación de dominación-sumisión, muy sadomasoquista.   Es un juego de equilibrios y de negociación de conflictos  que  hace que  el proyecto de  vida en común  sea algo motivador y siempre dinámico, que no permite el aburrimiento ni la rutina.

-Muy bien, me gusta el planteamiento.  ¿Queda algo más por saber?

-Claro que sí  -le respondo con una sonrisa- Hay dos principios más a tener en cuenta: El Principio de Flexibilidad de Roles y el Principio de Igualdad de Valor. Pero de estos hablamos otro día, porque hoy se me ha hecho tarde ¿de acuerdo, vecina?

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