RUTA CON MELQUIADES “EN BUSCA DEL ORO PERDIDO”. El sotanillo

Publicado: 03/09/2016 de korovaCriptana en De ruta con Melquiades, Las Tardes Korova 2016
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DSC_0823 silo 2

Hoy daremos una vueltecilla por la parte oeste de la pequeña Sierra de nuestro pueblo, creo que es la más desconocida. Quizá la ruta sea menos amena que otras que hemos hecho, el paisaje llama menos la atención, aunque, al salir el sol, es muy bonito, con una claridad extraordinaria.

Vamos a empezar con esta cueva silo o silo cueva; para los de este barrio siempre se ha conocido como “el sotanillo”. Aquí más arriba del sotanillo había un molino; me contaba mi abuelo Severiano que en la Guerra (Civil) una de las bombas cayó muy cerca, algunos habréis oído que una de las bombas cayó en el olivar de Penalva, que es el que está aquí detrás. Bueno pues, según mi abuelo, este sotanillo quedó maltrecho y deteriorado y dejó de funcionar. El molino, el sotanillo y la era pertenecen a una familia del pueblo, primos de mi abuela, por eso lo sé.

Vamos al sotanillo. Actualmente hay tres casi destruidos más el que arregló el Ayuntamiento. Los tres que están en ruinas están construidos de igual manera: un muro de piedra y luego bóveda o arco. Si hay algún albañil, sabrá cómo se llama. Yo no sé el nombre exacto, si eran cuevas o silos, lo que sí sé es para qué se usaban. Veréis que el interior es como el de los coceros, dentro está la cuadra y aquí, junto a la puerta, se ponían unos camastros. Por lo tanto, no eran silos para guardar grano ni tampoco eran viviendas, sólo se usaban para pasar alguna noche con las caballerías, mulas o burros. Los construían los dueños de los molinos para dar cobijo a las gentes que venían de fuera a moler. Así me lo contaba mi abuelo y así os lo cuento yo con toda seguridad, no tenían otra función.

Os cuento una pequeña anécdota de este silo. Tenía la puerta forrada de chapa de zinc y en ella había unos versos grabados con navaja. No sé dónde estará la chapa, pero ahora estoy repiso de no haberla cogido, quizá yo sea de los pocos que sepa que tenía grabados los versos, ya que apenas se veían. Estos versos los grabó una amiga de mi madre, hija de los dueños de todo esto. A esta niña, porque era una niña que murió con catorce o quince años, ya le habían publicado algún verso en las revistas de la época y cuando digo de la época me refiero a que eran religiosas; murió por los años cuarenta y pocos y alguna de esas revistas ya recogió su muerte. Mi madre tenía el recorte de periódico y ahora lo tengo yo; me hablaba mucho de ella y fue quien me dijo que estaban los versos grabados. Bueno, pues ya sabéis una cosa que desconocíais y que fue cierta.

[Texto: Melquiades Rodríguez Panadero]

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